25 julio, 2006

24 horas

Yo, que a fuerza de complicarme la vida, cada tanto decido robar un libro y guardarlo en una flor, hice una pregunta. Me respondieron de una manera tan extraña, que aunque no tengo nada parecido a una certeza, tampoco tengo dudas.

Uno -prisionero hasta de las más mínimas convenciones- espera ansioso encontrar las semejanzas en iniciales, números, guiños favorables de los astros o al menos señales transmisibles, refutables, que permitan comparaciones, perspectivas, que sigan los pasitos cansinos de la lógica (dos proposiciones verdaderas no pueden negarse a si mismas...) y lo sorprenden (de verdad que lo sorprenden) con datos más abarcadores y a la vez más convincentes.

Me queda la sensación de que esa niña es irrealidad hecha de humo o de materia de nube y que tiene en la mirada los singulares puñales de Electra. Dejó un tibio beso en la frente, que correspondo a mi manera antigua con un leve quiebre de cintura.

Hoy es un día azul de primavera, creo que moriré de poesía, de esa famosa joven melancólica no recuerdo ni el nombre que tenía. Sólo sé que pasó por este mundo como una paloma fugitiva: la olvidé sin quererlo, lentamente, como a todas las cosas de la vida. (Nicanor Parra)

24 julio, 2006

Que me palpen de armas

Creo en el amor como en la experiencia más maravillosa de la existencia y como generador de toda clase de alegría; y en el amor correspondido como en la felicidad misma. Pero no fui educado para él, ni para la felicidad, ni para el placer. Porque fue advertido malamente contra la entrega y el gozoso abandono que supone. Cada día, entonces, todavía, es una ardua conquista, una trasgresión, una desobediencia debida a mí mismo, una porfía. La laboriosa tarea de desaprender lo aprendido, el desacato a aquel mandato primario y fatal, aquel dictamen según el cual se gana o se pierde, se ama o se es amado, se mata o se muere.La vida, por lo tanto, no me ha endurecido. Ese sea tal vez mi mayor logro. Que me palpen de armas. Dejo a un lado, si es que alguna tuve o me queda, toda arma que sirva para volverse temible, para someter, para acumular, para ser poderoso, para triunfar en un mundo de mano armada en el que la felicidad se compra con tarjeta de crédito.No quiero que la lucidez me cueste la alegría ni que la alegría suponga la negación o la ceguera. Pero no me es fácil. Me cuesta vivir a contratiempo, con la sensación de ser testigo de un desatino histórico gigantesco, de un extravío descomunal, tan irracional, absurdo o desolador como la bomba de neutrones. No entiendo al mundo. Me parece, como dice Serrat, que ha caído en manos de unos locos con carnet. Me siento ajeno a la debacle pero en medio de ella.Mi vida es apenas un instante en el océano del tiempo y es como si quisiera que ese instante fuera sereno y hondo en medio de una ensordecedora discoteca o de un holocausto definitivo siempre a punto de estallar. Me desazona la banalización de la vida, la ostentación, la deshumanización salvaje de los poderosos, la aceptación y el elogio del "sálvese quien pueda", la práctica y la prédica del desamor y de la histeria. Me descorazona la idiotez colectiva, la idealización de lo superfluo, el asesinato de la inocencia, el descuido suicida de lo poco que merecería nuestro mayor esmero, el desconocimiento o el olvido de nuestra propia condición.Me conmovió no hace mucho que el cosmólogo Sagan, en un artículo extenso, escrito como desde un punto perdido en el infinito del espacio, desde el cual el mundo se observa como una bolita cachuza, terminara diciéndonos: "besen a sus hijos". Escuchemos a esos hombres; sigámoslos, leamos a los poetas; no permitamos que el misterio de la existencia deje de estremecernos cada día, porque es el costo más alto que podemos pagar por nuestra necedad y nuestra omnipotencia.La vida de un árbol merece nuestra devoción y nuestro más grande regocijo. Al amparo gozoso de su sombra, acariciados por la tibieza de la luz del sol y abrumados por el sonido mágico e irrepetible de su follaje mecido por la mano invisible del viento, estaremos a salvo de la alienación y de la orfandad; siempre y cuando seamos capaces de apreciar esa gloria, mientras nos sea posible, y de reconocer en ella nuestra mayor riqueza.Que la muerte no nos hiera en vida, que la ferocidad no nos pueda el alma, que nada troque nuestra dicha de estar despiertos, que una caricia nos atraviese como una flecha jubilosa y radiante. Besemos a los que amamos, amémonos.
Autor: Victor Martinez (actor)

17 julio, 2006

04 julio, 2006

Razón de vivir

Para decidir si sigo poniendo esta sangre en tierra, este corazón que bate su parche sol y tinieblas. Para continuar caminando al sol por estos desiertos para recalcar que estoy vivo en medio de tantos muertos. Para decidir, para continuar, para recalcar y considerar sólo me hace falta que estés aquí con tus ojos claros.¡ay! Fogata de amor y guía, razón de vivir mi vida. Para aligerar este duro peso de nuestros días, esta soledad que llevamos todos: islas perdidas. Para descartar esta sensación de perderlo todo para analizar por donde seguir y elegir el modo. Para aligerar, para descartar, para analizar y considerar sólo me hace falta que estés aquí con tus ojos claros.¡ay! Fogata de amor y guía, razón de vivir mi vida. Para combinar lo bello y la luz sin perder distancia. Para estar con vos sin perder el ángel de la nostalgia. Para descubrir que la vida va sin pedirnos nada y considerar que todo es hermoso y no cuesta nada. Para combinar, para estar con vos, para descubrir y considerar sólo me hace falta que estés aquí con tus ojos claros.¡ay! Fogata de amor y guía razón de vivir mi vida.

Víctor Heredia

Como la cigarra

Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando. Gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal por qué me mató tan mal y seguí cantando. Cantando al sol como la cigarra después de un año bajo la tierra, igual que sobreviviente que vuelve de la guerra. Tantas veces me borraron, tantas desparecí, a mi propio entierro fui solo y llorando; hice un nudo en el pañuelo pero me olvidé después que no era la única vez y seguí cantando. Cantando al sol como la cigarra después de un año bajo la tierra, igual que sobreviviente que vuelve de la guerra. Tantas veces te mataron, tantas resucitarás, cuántas noches pasarás desesperando. Y a la hora del naufragio y de la oscuridad alguien te rescatará para ir cantando. Cantando al sol como la cigarra después de un año bajo la tierra,igual que sobreviviente que vuelve de la guerra.

María Elena Walsh

20 junio, 2006

Tal cual nosotros


" ¿El pueblo pide una auténtica justicia? Nosotros en cambio conseguimos que se conforme con una menos injusta. Los trabajadores gritan basta ya de la vergüenza de la explotación bestial, y nosotros procuraremos sobre todo que no se avergüencen más; pero que sigan siendo explotados... quieren no morir más en las fábricas, y nosotros pondremos alguna protección complementaria, algún premio para las viudas. Quieren ver como desaparecen las clases... y nosotros haremos que ya no haya tanta diferencia, o mejor aún, ¡qué no se note tanto! Ellos quieren la revolución... y nosotros les daremos reformas, muchas reformas... los ahogaremos en reformas. O mejor aún, los ahogaremos en promesas de reformas, ¡porque tampoco se las daremos nunca!. "

DARÍO FO. Muerte accidental de un anarquista

12 junio, 2006

El Flaco

"Creo que el mundo está lleno de historias, que nuestras vidas están llenas de historias, pero que sólo en determinados momentos somos capaces de verlas o entenderlas. Hay que estar dispuesto a hallar el sentido de lo que te está ocurriendo. Casi todos nosotros, yo mismo incluido, vamos por la vida sin prestar mucha atención. De pronto ocurre una crisis, y nos cuestionamos todo lo que nos rodea, y en ese momento dejamos de pisar terreno firme. Creo que es en esos momentos que la memoria se convierte en una poderosa fuerza de nuestras vidas. Comienzas a explorar el pasado, e invariablemente te encuentras con una nueva lectura de ese pasado, lo entiendes de una manera nueva, y por ello eres capaz de enfrentarte al presente de una manera nueva".
Paul Auster. Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2.006

El Flaco

Por un mensaje suelto al aire me vienen a la memoria algunos pasajes de mi infancia.
Antes no era cualquier cosa tener teléfono, en mi barrio “Los Gigantes” mi vecina prestaba el suyo como una manera de no discutir liderazgo y de paso renovarse de novedades ajenas. Un día mi tío Raúl llamó desde Venezuela y yo que nunca había hablado con él – se fue cuando todavía no caminaba- tuve la gran responsabilidad de dar valor a esa llamada. La recuerdo tensionante y no viene al caso replicarla. Una cosa llevó a otra y yo termine la charla ganando una bicicleta que mi tío me mandaría pronto.
Mi primera bicicleta – roja, canasto, parrilla y timbre- fue comprada por mi papá con la plata del tío.
El caso es que quiero contar la historia del flaco, que le pasó de todo y que de a pedacitos pude reconstruir con el tiempo.
En la época del proceso mi tío fue encarcelado primero y después de algunos años tuvo la opción de irse del país. Se fue a Italia a la casa de otros parientes, de allí viajó a Rusia (no se que fue a hacer a Rusia) y después estuvo un tiempo en España, hasta que lo invitaron a Venezuela y para allá se fue.
El principio como todos los principios fue duro, pero preferible a Europa donde me contaron llegó a lavar muertos por un plato de comida.
En Mérida hizo sus primeros pasos y negocios donde no le fue nada mal, se casó con una maestra embarazada para poder quedarse él y salvar el honor ella (?) y tampoco le fue mal. La chica se llamaba…como se llamaba? no me acuerdo porque es un nombre que aquí no se usa.
El tío volvió en el año 83 con la democracia. Yo lo seguía a todos lados, hipnotizado por todo ese bagaje de historias. A esa altura y por esos años, los que volvían tenían tanto para contar que por meses no prendieron ni la radio en mi casa. Con el tiempo se fue humanizando y más de una vez se salvó que lo moliera a trompadas, pero eso fue mucho más adelante. Nilda era el nombre me acorde. El fondo de todo esto es que mi tío se aguantó encierro, tortura, exilio y nunca se quejó pero el día en que se iba del país en el aeropuerto me llevaron a saludarlo y dicen que me alzó, me abrazo y lloró.
El me dio las lecciones más importantes y en cierto sentido me marcó a fuego, me dio los libros, las técnicas del ajedrez, me enseño a pensar, completó todas las ausencias de mis viejos que laburaban todo el día. También me dio mi primera certeza: no quiero morir como él. De cáncer, obeso, ciego. Para eso un tiro y chau. Haciendo cuentas con el pasado encontré al menos tres razones por las cuales seguramente iré al infierno, en orden aleatorio son: la vez me pidió que le leyera la Biblia y yo me salteaba algunas partes para terminar más rápido, cuando me hizo padrino de su hija, la cual volví a ver cuando tenia quince años y encima no le lleve ningún regalo y la otra, la determinante para la visa sin retorno fue que sentí más alivio que pena cuando falleció.- cariño, pero nada de amor ni de respeto- Un par de días antes de que muera entré a su habitación a ver si respiraba- era mi trabajo nocturno- y por sorpresa me tomó la mano y como si volviera de una pesadilla, severo me preguntó: Somos peronistas nosotros? Y yo le dije más vale, si los radicales son unos putos. (Acabo de encontrar una cuarta razón que va a servir al menos para distraer a demonios menores: no soy peronista). No me dejó palabras importantes, me dejó una visión sobre las cosas cotidianas que vale mucho más.
Esta es la primera entrega de mi historia con el flaco, flaquito macho que ese día lloró.

01 junio, 2006

Debo

Cuando los días son como estos días, sombríos y ásperos, donde la idiotez reina cómodamente apoltronada y en su regazo martiriza el ovillo de mi vida, mirando su heredad y vanagloriándose de sus métodos. En estos días digo, es cuando tendría que refugiarme en la palabra.

Donde habite el olvido, en los vastos jardines sin aurora; donde yo sólo sea memoria de una piedra sepultada entre ortigas sobre la cual el viento escapa a sus insomnios... (Cernuda)

Hago un recuento necesario de batallas ganadas y perdidas y el balance escupe un no se que que me amilana y me situa a la derecha de todas mis derrotas. Desde allí puedo ver que me alejé demasiado de mi mismo y que encontrarme y saberme puede ser una experiencia ingrata. Ya las raíces están por besar mi piel y la naturaleza humana dejará de ser un misterio, al menos por ese minuto, inevitable.

Hay días en que siento una desganade mí, de ti, de todo lo que insiste en creerse y me hallo solidariamente cretino apto para que en mí vacilen los rencores y nada me parezca un aceptable augurio. Días en que abro el diario con el corazón en la boca como si aguardara de veras que mi nombre fuera a aparecer en los avisos fúnebres seguido de la nómina de parientes y amigos y de todo indócil personal a mis órdenes. Hay días que ni siquiera son oscuros días en que pierdo el rastro de mi pena y resuelvo las palabras cruzadas con una rabia hecha para otra ocasión digamos, por ejemplo, para noches de insomnio. Días en que uno sabe que hace mucho era bueno bah tal vez no hace tanto que salía la luna limpia como después de jabón perfumado y aquello si era auténtica melancolía y no este malsano, dulce aburrimiento. Bueno, esta balada sólo es para avisarteque en esos pocos días no me tomes en cuenta. (Benedetti)

Despues sigo...

24 mayo, 2006

Monólogo


"Pero sobre todo quisiera dedicarme a los que esta noche no están…Y si están, están bien enmascarados y escondidos. Me refiero a aquellos espectadores que solamente se ríen si están bien seguros de que se ironiza sobre los demás, los otros, y no importa qué otros. Si se parodia a los que hablan de un modo distinto o a los que llegan de un país distinto, que tienen otro olor, otra transpiración, otro color, desde la cabeza a los pies, y gritar: ¡Andate a tu país! ¿Por qué no te vas a tu casa? Y si les tiras una piedra o los molés a palos, ¡mejor! Esos que en cada oportunidad dicen: nosotros somos de otra raza, fina, superior. ¡Somos los mejores! Los más inteligentes, los más pícaros. ¡La tenemos más larga! En fin, estoy hablando de los imbéciles, que son una raza muy numerosa. Los imbéciles que a cada momento levantan banderas y cantan himnos, y que están convencidos de que están haciendo “la historia”. Y se tiran contra cualquiera que esté del otro lado del río. Los imbéciles son aquellos que no saben escuchar otros discursos que no sean los propios discursos. Los imbéciles que aplauden cada picardía, que dicen: este nuevo caudillo es un ladrón más, pero si roba para él, ¡nos va a dejar robar un poco a nosotros! ¡Los imbéciles producen desastres tremendos y no se enteran de nada! Y quiero concluir que yo, personalmente prefiero mucho más a los delincuentes de profesión que a los imbéciles normales. Por que los delincuentes, de vez en cuando descansan…¡Los imbéciles jamás!"

Darío Fo, "El diablo con tetas"

Matar un Ruiseñor

"Matar un ruiseñor" (Robert Mulligan 1.962) , basada en la genial novela de Harper Lee.
Atticus Finch no hacía nada que pudiera despertar la admiración de nadie: no cazaba, no jugaba al póker, no pescaba, no bebía, no fumaba... Se sentaba y leía.